Atención: el presente del presente necesita atención

Textos / Text
Julius Heinemann, Chronos & Kairos
Edition Taube, Munich, 2018
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CHRONOS es el dios griego que personifica el tiempo universal. Junto Ananké, la inevitabilidad, dieron lugar al mundo ordenado en tierra, mar y cielo. Con él llegaron las cosechas y el tiempo regido por el calendario, aquel que se repite estación tras estación.

Chronos es el libro. Tiene 480 páginas que miden 23,5 x 23,5 cm en papel GardaMatt Art 150g/m2, blanco. Cada una de las hojas es completamente igual a la que le precede y a la que le sigue. Una detrás de otra, con un orden, con una organización inherente a la propia estructura de la edición. Es un espacio definido, constante, estandarizado y regulado en un sistema dado y predeterminado. Siempre son idénticas, como cada uno de los sesenta minutos que definimos como una hora.

El libro, al igual que una teoría científica, podría ser un cubo blanco y aséptico. El tiempo de la ciencia se puede contar como las páginas de un libro. Se puede hablar de duración, longitud o periodicidad como constantes expresables en medidas y algoritmos. Se ha hecho desde Galileo, Newton, hasta Einstein o en la teoría de supercuerdas. Pero ya Jean-Jacques Rousseau, en su Enciclopedia, citaba a Jean-Henri-Samuel Formey: “El tiempo es sólo una abstracción, al que no le pertenecen las propiedades que la imaginación le atribuye”[1]

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A KAIRÓS se le representa como a un joven con alas en sus pies que se equilibra sobre el filo de una navaja, llevando una balanza en sus manos. Sin apenas cabello, sólo tiene un mechón en su frente, como un bebé. Con esta actitud veloz e inestable representa la oportunidad, el tiempo del momento justo, de lo que sólo puede pasar en ese preciso instante.

¿Cómo contar este intervalo? Los números abstractos no sirven cuando el momento cualitativo es el que cuenta. Para poder pensar en lo que vemos en ese preciso lapso se requiere otro concepto de tiempo: el que pone en relación el objeto, el yo y el otro, con lo que acontece en un ahora. Es el tiempo de la percepción presente: el tiempo del que ve atentamente.

Este tiempo percibido tendría una expresión como tiempo subjetivo – en palabras de Bergson “el tiempo físico es resultado de una simple extensión de nuestra experiencia subjetiva de la duración aplicada a las cosas”[2] – que hace que el tiempo objetivo, esa línea homogénea pura, se entienda únicamente como un orden consensuado, independiente de él mismo. Esta experiencia, ahora subjetiva, abarca el pasado y el futuro. Acumula las memorias discontinuas de momentos anteriores, que determinan la percepción del presente y permite un entendimiento mutable de lo que posiblemente se pueda percibir a continuación. Pero, como Agamben indica en su ampliación de las teorías de Heidegger[3], ese estado móvil no existe sólo como potencia de un futuro sino también como percepción de un pasado variable. El presente, pasado y futuro se convierten en apertura potencial al mundo que lo rodea.

El trazo del grafito en las páginas responde, en primera instancia, al intervalo en el que el cerebro mantiene la atención para poder ser consciente tanto del ahora como del paso del tiempo. Los neurocientíficos han determinado que ese lapso corresponde a la medida de tres segundos. Una medida que no se aplica sólo al cerebro humano o en la cultura científica occidental. Los Yanomami, por ejemplo, tienen un patrón temporal de concepción del movimiento similar[4].

Cada movimiento del lápiz, y también el polvo del grafito que desprende, nos trae ese tiempo de lo visto. Cada mancha que surge en el papel por la acumulación de materia es vestigio de un instante pasado, pero al mismo tiempo muestra las posibilidades de cambio que podrían acontecer en el siguiente roce de las páginas. En cada ahora se contiene la totalidad del pasado pero también se da forma a las posibilidades del futuro.

Una vez,

¿qué año fue?

me desperté

por primera vez tomé conciencia

de que estaba en un espacio

Peter Handke, “Las nuevas experiencias”, El Mundo Interior del Mundo Exterior del Mundo Interior, Vivir sin poesía, Bartleby Editores, Madrid, 2009, p. 23.

 

La estructura del libro es un espacio definido para la representación de código, un lenguaje. En lingüística el término “deixis” se refiere a la práctica del indicio lingüístico diario, en la que “cualquier referencia depende de las coordenadas espacio, tiempo y persona”[5] que definirían una realidad. Si se realiza un desplazamiento de alguna de ellas – del aquí, del ahora o del yo – se modifica la forma en que el texto hace que percibamos las dimensiones espaciales, temporales y la relación entre el yo y el otro. Estos cambios son los que crean la ficción. La ficción no es un mundo paralelo, sino un relato de posibles. Por tanto, estos cambios deícticos son los que permiten la existencia de la imaginación, de la experiencia de posibilidades.

Cada letra, cada grafo, despliega un mundo que remitirá a una actualidad, a una referencia que, en su desarrollo temporal – cuándo se escribió, cuándo se está leyendo – siempre tendrá un componente ficticio. Este lenguaje / código nos lleva al tiempo de la acción, al tiempo de la escritura y al tiempo de la lectura. En el juego de estas tres temporalidades se basa la experimentación literaria y su capacidad de estimulación de percepciones diferentes, y por tanto de diversas potencialidades.

¿Qué construcción o qué sistema, como el de los signos en un lenguaje, se puede identificar en las líneas abstractas que no parecen seguir ningún camino o ningún algoritmo?

Mallarmé[6] buscó liberar la tipografía de las convenciones de la página; Broodthaers[7], después, las dejó ostentosamente ocultas interviniendo sobre el mismo texto del poeta francés. El primero negó la lógica de la narrativa, el segundo la narrativa en si misma dentro de una estructura codificada.

Si esto es un libro, el dibujo sería caligrafía. Toma la forma de un lenguaje. Quizá, lo que se representa como un círculo fue, es o podría ser, una esfera. Nos remite directamente a otro código, el visual, que al igual que la palabra, es una herramienta para entender y estructurar la relación con lo que vemos, es decir, con el otro. En los tres segundos de intervalo de percepción consciente decodificamos y recodificamos información para actuar y, así, activar esta relación.

El nuevo Realismo Objetivo – también llamado Ontología Orientada a los Objetos – propone el análisis del nosotros y nuestro mundo desde fuera de las estructuras de los relatos, las ciencias, o el lenguaje. Y va más allá, sin olvidar que con el posmodernismo se nos había dado la posibilidad de abrirnos a la metanarración y a los tiempos múltiples. Graham Harman[8], representante del movimiento OOO, vuelve a la mirada fenomenológica que permite el acceso a la realidad no sólo intelectualmente, sino también a través de la imaginación, la percepción, la sensación, la memoria o la voluntad. Para él, la naturaleza ya no es sólo objeto de reflexión sino “suelo y condición de la subjetividad”. Todo lo que percibimos son un conjunto de realidades actuales que se combinan para formar el otro, sea objeto, orgánico o inorgánico. El tiempo, en su constante cambio, en su constante combinación de posibilidades, muda también incesantemente este conjunto de realidades.

Por ello, se requiere de una atención que sólo puede ser consciente. Entre entes / existencias nos relacionamos de múltiples modos a cada instante preciso. A veces a través de la visión… Cuentan que Matisse decía que se necesitaba mucha valentía para mirar algo como si se viera por primera vez.

 

Mirar sin pensar en el tic

Mirar sin pensar en el tac

Percibir sin pensar desde el tic tac

Pensar a través de una fenomenología que nos permita descolonizar el ojo. Para ver sin reglas los detalles familiares de cada día. Para una nueva experiencia del espacio, del otro, del yo

Línea y dibujo y percepción

La obra (que es mirar)

como ejercicio continuo

El ejercicio continuo

como modo de vida

El hacer y el mirar continuo

forman una actitud y entonces el objeto no es (pero también es) tan importante

y su peso

– el peso de este libro en nuestras manos –

se convierte en la formalización material de un modo de vivir

 

 

[1] Klein, Étienne, Chronos. How Time Shapes Our Universe, Thunder´s Mouth Press, Nueva York, 2005, p.52.

[2] Op. Cit. 1, p.37.

[3] Ó Murchadha, Felix, The Time of Revolution. Kairos and Chronos in Heidegger, Bloomsbury Academic, Londres, 2013.

[4] Pöppel, Ernst, “Lost in time: a historical frame, elementary processing units and the 3-second window”, Acta Neurobiologiae Experimentalis, 64, Institute for Medical Psychology and Human Science Center, Munich, 2004, p. 295-301.

[5] Avanessian, Armen, Hennig, Anke, Present Tense. A Poetics, Bloomsbury Academic, London, 2015, p. 224.

[6] Mallarmé, Stéphane, Un Coup de Dés Jamais N´Abolira Le Hasard, Éditions Gallimard, París, 1914.

[7] Broodthaers, Marcel, Un Coup de Dés Jamais N’Abolira Le Hasard, Galerie Wide White Space, Amberes, 1969.

[8] Harman, Graham, Hacia el realismo especulativo. Ensayos y conferencias, Caja Negra, Buenos Aires, 2015.