Rafa Munárriz / Sulla curva chiusa

Proyectos Curatoriales / Curatorial Projects
07/2017 / Galleria Macca, Cagliari, Italia.

Todos los circuitos el circuito

Al recorrer un circuito habrá un momento en que estaremos inevitablemente en el punto que se haya designado como inicial. De hecho, la tendencia lógica hará comenzar el recorrido por este principio establecido. Si hablamos de circuitos, el inicio está en Homero, como suele ocurrir al buscar algún tipo de primera referencia en nuestra sociedad occidental. Concretamente, en el canto XXIII de la Ilíada.“El carro, guarnecido de oro y estaño, corría arrastrado por los veloces caballos y las llantas casi no dejaban huella en el tenue polvo”

El capítulo narra los juegos que Aquiles organizó en honor a la muerte de Patroclo, describiendo una carrera de caballos, cuyo recorrido consistía en rodear un viejo árbol. Así los participantes daban la vuelta a este circuito para medir quien era el mejor al combinar la fuerza de sus animales y la destreza de su conducción, y así realizar la vuelta en el menor tiempo posible. Un equilibro que se vería alterado por una variable más: la intervención de los dioses, beneficiando desde la sombra del Olimpo a sus favoritos.

Ritos funerarios, competiciones y sistema religioso… signos que se asocian a la existencia de una sociedad establecida. El juego como parte de una sociedad, pero también… ¿la sociedad como un juego? Según Vilém Flusser la sociedad es un juego, y nosotros – nuestro “ser en el mundo” – los jugadores[1]. El mundo de hoy funcionaría a partir de la estructura formada por la interrelación de diferentes prácticas. Un meta-entramado de juegos, que no son otra cosa que una serie de códigos, de signos sistematizados que en manos del hombre devienen en lo que llamamos “cultura”. Un meta-sistema que se compone de otros sistemas como la política, la economía, el arte o los deportes.

En el siglo V – IV a.C. se construyó el primer complejo deportivo en Olimpia. Contaba ya con un hipódromo, el primer estadio de carreras, donde se debían dar 12 vueltas de unos 1.500 m a un circuito elíptico, con un largo de 780 m y 320 m de ancho, según cuenta Pausanias[2]. De esta estructura – circular o elíptica construidas aprovechando las laderas de montañas – derivarían los modelos de las arenas y anfiteatros, de ingeniería más sofisticada y uso ampliado a todo tipo de juegos, durante la época romana. Desde entonces se han multiplicado el número de vueltas, el tipo de vehículos y las formas de estos estadios. Cómo el circuito paulistano de Interlagos, que el artista Rafa Munárriz ha elegido para su última investigación.

 

Las reglas de su juego/circuito o los códigos de su sistema

Rafa Munárriz se sitúa sobre curvas cerradas.

Operaciones que realiza desde allí:

  1. Ver y reproducir el anfiteatro, su espacio interno, el inverso de su espacio interno. Ver y reproducir la isla, su volumen invertido, el vacío de su volumen invertido[3].
  2. Cambiar de perspectiva: ahora la mirada está siempre perpendicular al sentido de la dirección del circuito. No hay curvas, solo franjas de un paisaje que se vuelve abstracto en el ir y venir vertical de las bandas horizontales en la imagen en continuo movimiento[4].
  3. Mirar el circuito, seguir el circuito, delinear el circuito, dibujar el circuito, reproducir el circuito, descomponer el circuito, cambiar el circuito, trastocar el circuito, anular el circuito[5].

El circuito ya no es un circuito. El circuito cerrado es ahora una línea infinita.

Estrategias aplicadas a diferentes nociones de recorridos / circuitos / sistemas 

Primer cambio de sentido de una curva[6]: pensar otras formas de recorrer un circuito

– Y que lo llamen absurdo!

Absurdo, como asocia Flusser, “pensado como una variación de utopía (u-topos), “ausencia de lugar” o un lugar que no pertenece a nuestros fundamentos (…) podría ser traducido también como “destierro”[7].

  • Julio Cortazar y Carol Dunlop iniciaron “un plan totalmente loco” durante 33 días del verano de 1982[8]. La aventura consistía en recorrer la autopista que une París y Marsella siguiendo unas sencillas reglas que se oponían a la lógica del viaje y del propio funcionamiento y reglas del sistema vial: nunca salir de la carretera y parar en una de cada dos áreas de descanso por día. Así, un camino conocido es recorrido con otro caminar, y, de repente, lo importante no es la ruta sino el mundo en sus márgenes. Como Cortazar escribía “todos los parkings el parking”.
  • Fernand Deligny analiza un caminar conocido, que recorre caminos no establecidos, en sus investigaciones de los hábitos y costumbres de niños autistas. De esta vivencia que comienza en la década de los sesenta del siglo XX en la Clinique de La Borde, además de escritos y películas, surgen también una serie de dibujos. Bajo el nombre de “líneas de errar” describen los movimientos de los jóvenes en el espacio, formando una cartografía de recorridos ajenos a la lógica común.
  • Walter Benjamin, hablando de la figura de el “flanêur” en Los Pasajes[9], recoge la siguiente cita: “sólo el hecho de torcer a derecha o a izquierda constituyera ya un acto esencialmente poético”, sin necesidad de tener un destino o finalidad, tiempo o ritmo. Sólo recorrer, en una caminada opuesta a cualquier concepto productivo.

[Y también nos acordamos, ahora, de los primeros paseos surrealistas, dadá, los situacionistas, el viaje sin retorno de Bas Jan Ader; y hoy en día, los caminos/viajes emprendidos por Francis Alÿs]

Segundo cambio de sentido de una curva: pensar en la materia y la energía de los recorridos y sus sistemas

Para ello, quiero recordar dos imágenes concretas. La primera de ellas, la de obra Circulation (1969-2009) de Hans Haacke, una instalación de tubos donde el agua circula a tiempo real, y donde la importancia reside en el hecho y el tiempo de fluir. Es un circuito que permite proponer al artista el análisis, de lo que fluye y las posibles consecuencias que emanan de su acción, como analogía de las relaciones sociales y culturales establecidas en diferentes capas de la sociedad. La segunda imagen es la elegida por Robert Morris como primera fotografía que ilustra el último capítulo de sus escritos “Robert Morris Replies to Roger Denson (Or Is That a Mouse in My Paragon?)”[10]. El pie de foto describe “Corrales en Kansas City, Missouri, Julio 1946” y en ella vemos una panorámica de cientos de vacas estabuladas. Otra correlación, quizá más cargada de ironía perversa, para comenzar el análisis crítico de su producción dentro de un sistema, el del arte. Un sistema que, explica Morris en sus textos, ha situado la escultura tradicionalmente entre la dimensión del monumento y del ornamento. En su propuesta minimalista, la escultura pasa a ser una estructura, que testa los límites y posibilidades de la materia elegida y la relación con su entorno, así como el uso de la energía surgida de esta relación. En estos nuevos posibles sistemas, existiría la capacidad de inferir en la realidad, en las formas de comportamiento y así generar nuevas “experiencias de ser”, nuevas posibilidades de caminos, de recorridos, de sistemas.

Tercer cambio de sentido de una curva: pensar desde el inconformismo total

La estrategia poética de Cildo Meireles, cuestiona cualquier sistema de ordenación, y desde esta duda continua se buscan formas de su representación espacial[11]. Del mismo modo, el circuito de Munárriz desaparece en una reflexión poética y política. La curva continua se desestructura en una línea infinita, multiplicando las posibilidades del recorrido de lo que fue un circuito cerrado. Ahora es un viaje, un camino que ya no tiene línea de meta, sin un final preestablecido, sino surgiendo como una invitación a buscar formas de pensamiento fuera, en ninguna/alguna parte.

Apunte de la exposición en la Galleria Macca: En Cagliari existe un antiguo anfiteatro, a unos 700 m de la galería, donde se expone el proyecto de Rafa Munárriz. Se recuperó durante unos años para la realización espectáculos, para lo cual, instalaron una nueva grada sobre la original. Este andamiaje propició el ataque de un hongo a la vieja piedra, teniéndose que cesar la actividad y comenzar la restauración del anfiteatro. Ahora se piensa en poner la grada fuera del hemiciclo, y usar la antigua arena como escenario teniendo como decorado el antiguo graderío. La traslación de la acción del juego tendría un cambio de punto de vista.

[1] Zielinski, S., Weibel, P., ed., Flusseriana – Uma Caixa de Ferramentas Intelectual, ZKM I Center for Arts and Media, Karslruhe, Vilém Flusser Archive at Berlin University of Arts, e Univocal Publishing, Minneapolis, 2015.

[2] Pausanias, Descripción de Grecia. Volumen II: Libros III-VI, Editorial Gredos, Madrid, 1994.

[3] Sobre la obra Rafa Munárriz, Anfiteatro, 2017. Tres reproducciones en cemento blanco en torno al anfiteatro de Cagliari. Cada una 4x16x14 cm., peana de cristal oscuro, 1x25x20 cm.

[4] Sobre la obra Rafa Munárriz, Trayecto infinito (Interlagos), 2017. Video instalación, 2 canales 9:16 3’55” loop.

[5] Sobre la obra Rafa Munárriz, Desde la curva cerrada, 2017. Conjunto de 15 dibujos Lápiz Conté sobre papel Kraft, marco en madera de Elelón. 25×20 cm.

[6] El esquema de esta parte de texto es análogo al que Munárriz realiza en sus dibujos, cambiando el sentido de las curvas de un circuito contemporáneo de carreras.

[7] Zielinski, S., Weibel, P., ed., op.cit.

[8] Cortazar, J., Dunlop, C., Los autonautas de la cosmopista, Muchnik Editores, Barcelona, 1984.

[9] Benjamin, W., Libro de los pasajes, Akal, Madrid, 2005.

[10] Morris, R., Continuous Project Altered Daily: The Writings of Robert Morris, MIT, The MIT Press, Cambridge, 1993.

[11] Enguita, N., Todolí, V., Cildo Meireles, IVAM-Centre de Carme, Valencia, 1995.